viernes, 31 de agosto de 2018

Misa de las Familias 2018: Iglesia llamada a “salir” para llevar las palabras de vida eterna



Homilía del Papa Francisco en Dublín Irlanda
“Cristo en mí, Cristo detrás de mí, Cristo junto a mí, Cristo debajo de mí, Cristo sobre mí” ha subrayado el Pontífice al final de la homilía, a lo que han seguido los enérgicos aplausos de las familias irlandesas congregadas en la capital del país, este domingo, 26 de agosto de 2018.
Duras enseñanzas de Jesús
Más adelante, el Papa Francisco ha matizado a qué se refiere con las “duras enseñanzas de Jesús”: Qué difícil es perdonar siempre a quienes nos hieren. Qué desafiante es acoger siempre al emigrante y al extranjero. Qué doloroso es soportar la desilusión, el rechazo o la traición. Qué incómodo es proteger los derechos de los más frágiles, de los que aún no han nacido o de los más ancianos, que parece que obstaculizan nuestro sentido de libertad.
Sin embargo, es justamente en esas circunstancias en las que el Señor nos pregunta: «¿También vosotros os queréis marchar?», ha citado. “Cada cristiano es enviado para ser un misionero, un ‘discípulo misionero'”, exhorta Francisco.
Compartir la alegría del Evangelio
“Con la alegría y la fuerza conferida por el Espíritu Santo, digámosle con confianza: ‘Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna'”, ha concluido.
Y en ese sentido, el Santo Padre Francisco ha recordado que toda la Iglesia “en su conjunto” está llamada a “salir” para llevar las palabras de vida eterna a las “periferias del mundo”.
Así, he manifestado su deseo que la celebración de hoy pueda “confirmar a cada uno de vosotros, padres y abuelos, niños y jóvenes, hombres y mujeres, religiosos y religiosas, contemplativos y misioneros, diáconos y sacerdotes, para compartir la alegría del Evangelio”.
Desafíos
Los desafíos que los cristianos de hoy tienen delante –ha explicado– no son, a su manera, más difíciles de los que debieron afrontar los primeros misioneros irlandeses, mencionando a san Columbano y sus compañeros.
Naturalmente, “siempre habrá personas que se opondrán a la Buena Noticia”, que “murmurarán” contra sus “palabras duras” –ha advertido el Papa–, pero, como san Columbano y sus compañeros, que afrontaron aguas congeladas y mares tempestuosos para seguir a Jesús, “no nos dejemos influenciar o desanimar jamás ante la mirada fría de la indiferencia o los vientos borrascosos de la hostilidad”.
A continuación, ofrecemos la homilía del Papa Francisco en la Misa, traducida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:
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Homilía del Papa Francisco
«Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6,68). 
En la conclusión de este Encuentro Mundial de las Familias, nos reunimos como familia alrededor de la mesa del Señor. Agradecemos al Señor por tantas bendiciones que ha derramado en nuestras familias. Queremos comprometernos a vivir plenamente nuestra vocación para ser, según las conmovedoras palabras de santa Teresa del Niño Jesús, «el amor en el corazón de la Iglesia». 
En este momento maravilloso de comunión entre nosotros y con el Señor, es bueno que nos detengamos un momento para considerar la fuente de todo lo bueno que hemos recibido. En el Evangelio de hoy, Jesús revela el origen de estas bendiciones cuando habla a sus discípulos. Muchos de ellos estaban desolados, confusos y también enfadados, debatiendo sobre aceptar o no sus “palabras duras”, tan contrarias a la sabiduría de este mundo. Como respuesta, el Señor les dice directamente: «Las palabras que os he dicho son espíritu y vida» (Jn 6,63). 
Estas palabras, con su promesa del don del Espíritu Santo, rebosan de vida para nosotros que las acogemos desde la fe. Ellas indican la fuente última de todo el bien que hemos experimentado y celebrado aquí en estos días: el Espíritu de Dios, que sopla constantemente vida nueva en el mundo, en los corazones, en las familias, en los hogares y en las parroquias. Cada nuevo día en la vida de nuestras familias y cada nueva generación trae consigo la promesa de un nuevo Pentecostés, un Pentecostés doméstico, una nueva efusión del Espíritu, el Paráclito, que Jesús nos envía como nuestro Abogado, nuestro Consolador y quien verdaderamente nos da valentía. 
Cuánta necesidad tiene el mundo de este aliento que es don y promesa de Dios. Como uno de los frutos de esta celebración de la vida familiar, que podáis regresar a vuestros hogares y convertiros en fuente de ánimo para los demás, para compartir con ellos “las palabras de vida eterna” de Jesús. Vuestras familias son un lugar privilegiado y un importante medio para difundir esas palabras como “buena noticia” para todos, especialmente para aquellos que desean dejar el desierto y la “casa de esclavitud” (cf. Jos 24,17) para ir hacia la tierra prometida de la esperanza y de la libertad. 
En la segunda lectura de hoy, san Pablo nos dice que el matrimonio es una participación en el misterio de la fidelidad eterna de Cristo a su esposa, la Iglesia (cf. Ef 5,32). Pero esta enseñanza, aunque magnífica, tal vez pueda parecer a alguno una “palabra dura”. Porque vivir en el amor, como Cristo nos ha amado (cf. Ef 5,2), supone la imitación de su propio sacrificio, implica morir a nosotros mismos para renacer a un amor más grande y duradero. Solo ese amor puede salvar el mundo de la esclavitud del pecado, del egoísmo, de la codicia y de la indiferencia hacia las necesidades de los menos afortunados. Este es el amor que hemos conocido en Jesucristo, que es encarnado en nuestro mundo por medio de una familia y que a través del testimonio de las familias cristianas tiene el poder, en cada generación, de derribar las barreras para reconciliar al mundo con Dios y hacer de nosotros lo que desde siempre estamos destinados a ser: una única familia humana que vive junta en la justicia, la santidad y la paz. 
La tarea de dar testimonio de esta Buena Noticia no es fácil. Sin embargo, los desafíos que los cristianos de hoy tienen delante no son, a su manera, más difíciles de los que debieron afrontar los primeros misioneros irlandeses. Pienso en san Columbano, que con su pequeño grupo de compañeros llevó la luz del Evangelio a las tierras europeas en una época de oscuridad y decadencia cultural. Su extraordinario éxito misionero no estaba basado en métodos tácticos o planes estratégicos, sino en una humilde y liberadora docilidad a las inspiraciones del Espíritu Santo. Su testimonio cotidiano de fidelidad a Cristo y entre ellos fue lo que conquistó los corazones que deseaban ardientemente una palabra de gracia y lo que contribuyó al nacimiento de la cultura europea. Ese testimonio permanece como una fuente perenne de renovación espiritual y misionera para el pueblo santo y fiel de Dios.
Naturalmente, siempre habrá personas que se opondrán a la Buena Noticia, que “murmurarán” contra sus “palabras duras”. Pero, como san Columbano y sus compañeros, que afrontaron aguas congeladas y mares tempestuosos para seguir a Jesús, no nos dejemos influenciar o desanimar jamás ante la mirada fría de la indiferencia o los vientos borrascosos de la hostilidad. 
Incluso, reconozcamos humildemente que, si somos honestos con nosotros mismos, también nosotros podemos encontrar duras las enseñanzas de Jesús. Qué difícil es perdonar siempre a quienes nos hieren. Qué desafiante es acoger siempre al emigrante y al extranjero. Qué doloroso es soportar la desilusión, el rechazo o la traición. Qué incómodo es proteger los derechos de los más frágiles, de los que aún no han nacido o de los más ancianos, que parece que obstaculizan nuestro sentido de libertad. 
Sin embargo, es justamente en esas circunstancias en las que el Señor nos pregunta: «¿También vosotros os queréis marchar?» (Jn 6,67). Con la fuerza del Espíritu que nos anima y con el Señor siempre a nuestro lado, podemos responder: «Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios» (v. 69). Con el pueblo de Israel, podemos repetir: «También nosotros serviremos al Señor, ¡porque él es nuestro Dios!» (Jos24,18). 
Con los sacramentos del bautismo y de la confirmación, cada cristiano es enviado para ser un misionero, un “discípulo misionero” (cf. Evangelii gaudium, 120). Toda la Iglesia en su conjunto está llamada a “salir” para llevar las palabras de vida eterna a las periferias del mundo. Que nuestra celebración de hoy pueda confirmar a cada uno de vosotros, padres y abuelos, niños y jóvenes, hombres y mujeres, religiosos y religiosas, contemplativos y misioneros, diáconos y sacerdotes, para compartir la alegría del Evangelio. Que podáis compartir el Evangelio de la familia como alegría para el mundo. 
Mientras nos disponemos a reemprender cada uno su propio camino, renovemos nuestra fidelidad al Señor y a la vocación a la que nos ha llamado. Haciendo nuestra la oración de san Patricio, repitamos con alegría: «Cristo en mí, Cristo detrás de mí, Cristo junto a mí, Cristo debajo de mí, Cristo sobre mí». (Aplausos al Papa) Con la alegría y la fuerza conferida por el Espíritu Santo, digámosle con confianza: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6,68). (Aplausos).
Fuente: Zenit web / Publicado por: O.Revette 31.08.2018

miércoles, 8 de agosto de 2018

“Un bebé no arruinará tu carrera”: El inspirador mensaje de una madre de 6 hijos

Kristin y su sexto hijo
Foto: Facebook One Hail Mary at a Time

07 de Agosto 2018 - En un artículo publicado en su página de Facebook, Kristen, madre que se hizo conocida por un video viral en que se ve a su familia rezando juntos el Rosario, busca mostrar el valor de la maternidad a todas las mujeres que no quieren tener hijos por temor a no alcanzar el “éxito profesional”.
El artículo lleva como título: “Un bebé no arruinará tu carrera”.
Kristin, que tiene 6 hijos, difundió está publicación a través de su página de Facebook One Hail Mary at a Time. También añadió al texto una foto donde aparece con su último hijo de siete meses de edad.
En la publicación, la madre de 36 años escribió que “alguien me dijo en el 2016 que nunca tendría éxito en mi carrera al tener un sexto hijo en camino. Este comentario realmente me molestó… (como una bomba mental llena de dudas)”.
Sin embargo, aseguró que “por algún milagro, estoy teniendo el mejor año de rendimiento en mi carrera. Gracias a Dios. No solo probé que estamos equivocados, sino que lo más importante es que he probado que yo estaba equivocada”.
Kristin dijo a ACI Prensa que trabaja para una corporación bancaria “realizando estructuras financieras” dos días a la semana. Su esposo, con el que tiene nueve años de matrimonio, tiene un negocio propio.
“La realidad es que mi rendimiento actual es el resultado de todo el trabajo duro y los sacrificios que hice años atrás. Ningún acontecimiento, especialmente un bebé, va a terminar con todo esto”, expresó en la publicación de Facebook.
“Ahora me presentan ante los nuevos clientes como ‘Ella tiene seis hijos’, en lugar de decir mi nombre. Me llena de orgullo”, manifestó la madre de familia de origen estadounidense.
A todas las mujeres que no quieren abrirse a la maternidad por temor a perder su carrera, Kristin las exhortó a “no escuchar a la gente que no subirá esa montaña. Sólo mantén la cabeza baja y sigue subiendo o dando zancadas. Aquí hay para vivir en Grande y permanecer fuerte (bebé #6)”.
Aparte de trabajar y atender a los niños, Kristin y su esposo separan una media hora todas las noches para rezar el Rosario con sus seis hijos.
Kristin explicó que a través de las redes sociales busca “demostrar que rezar en familia es posible, tal vez difícil, pero vale la pena hacerlo”.
“Una de las experiencias que genera rezar el Rosario es que parece que nada sucediera. Pero cuando perseveras te das cuenta de todo lo que ocurre y que no puedes vivir sin él”, escribió Kristin en otra publicación en Facebook.
Fuente:  Maria Ximena Rondon AciPrensa web
Publicado por: O.Revette 08-08-2018

miércoles, 1 de agosto de 2018

Por la carrera y el éxito se sacrifican a los hijos y no se tienen, denuncia el Papa Francisco

El Papa bendice a un niño a su llegada al Aula Pablo VI. 
Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

El Papa Francisco alertó sobre los ídolos del mundo en una nueva catequesis en la Audiencia General de este miércoles, en la que criticó que algunos sacrifiquen a los hijos descuidándolos o no teniéndolos por su carrera profesional o para alcanzar mayor éxito.
Al hablar de los peligros de la idolatría, Francisco recordó que “en la antigüedad” se les “hacían sacrificios humanos”, pero afirmó que también en la actualidad ocurre de alguna forma.
“Por la carrera se sacrifican los hijos, descuidándolos, o simplemente no teniéndolos; la belleza requiere sacrificios humanos; la fama pide la inmolación de sí mismo, de la propia inocencia y autenticidad”.
“¡Cuántas horas delante del espejo!”, exclamó. “Algunas personas, algunas mujeres, ¿cuánto tiempo tardan en maquillarse? También esta es una idolatría. No es malo maquillarse, pero de forma normal, no para convertirse en una diosa”.
“Los ídolos piden sangre. El dinero roba la vida y el placer lleva a la soledad. Las estructuras económicas sacrifican vidas humanas para fines mayores. Pensemos en tanta gente son trabajo. ¿Por qué? Porque a veces sucede que los emprendedores de una empresa han decidido despedir a la gente para ganar más dinero. El ídolo del dinero. Se vive en la hipocresía, haciendo y diciendo lo que los otros se esperan, porque el dios de la propia afirmación lo impone”.
“Se estropean vidas, se destruyen familias y se abandonan a los jóvenes en manos de modelos destructivos”, denunció también.
“También la droga es un ídolo. Cuántos jóvenes arruinan su salud, pierden la vida, adorando a este ídolo de la droga”, dijo Francisco.
Fuente: AciPrensa 01.08.2018 / Publicado por: O.Revette