sábado, 29 de mayo de 2021

 

«A Rubén le empezó a latir el corazón en el 

mismo momento en que le bauticé»


Tras diez años de matrimonio, Pablo y Sara pidieron la intercesión de Carmen Hernández Barrera, iniciadora del Camino Neocatecumenal junto a Kiko Argüello, para que llegara el hijo que tanto deseaban. Ella se quedó embarazada, pero el pequeño Rubén venía con problemas y sus «probabilidades de supervivencia eran muy remotas». Frente al diagnóstico médico, y a pesar de nacer sin vida, el matrimonio se aferró a la oración. «A Rubén le empezó a latir el corazón en el mismo momento en que le bauticé» en la sala de partos, asegura Pablo Plaza.

Pablo y Sara llevaban casados diez años. Durante esta primera década de su matrimonio no habían logrado tener hijos «a pesar de haber probado muchos tratamientos médicos». Su deseo de acoger una nueva vida que, sin embargo, no terminaba de llegar, les llevó hasta la tumba de Carmen Hernández, ante la que rezaron, hace ahora dos años, «para pedirle la gracia de tener un hijo», explica Pablo Plaza.

Después de orar ante el sepulcro de la iniciadora –junto a Kiko Argüello– del Camino Neocatecumenal, «mi mujer se quedó embarazada, sin ninguna ayuda extra, a principios de julio del 2019». La buena nueva coincidió, además, «con el inicio de la acogida de un niño de dos años».

Las oraciones habían sido escuchadas, Sara ya tenía a su hijo en su seno, pero ambos tuvieron que luchar para que esa nueva vida saliera adelante. Los problemas comenzaron «a partir de la consulta de las 20 semanas, el 25 de noviembre, cuando descubrieron que mi mujer presentaba incompetencia cervical y el cuello del útero estaba acortado». Los médicos recetaron reposo absoluto.

A pesar de seguir los consejos de los facultativos, el 6 de diciembre por la mañana se rompió parcialmente el saco amniótico de Sara y el matrimonio se dirigió al Hospital Universitario Doce de Octubre de Madrid, donde la dejaron ingresada. «Nos comentaron que las probabilidades de supervivencia del niño eran, en el mejor de los casos, muy remotas y si sobrevivía, sería con unas secuelas tan graves que no sería humano mantenerlo con vida», asegura Plaza.

Los médicos «insistían en la no viabilidad de Rubén [nombre que Pablo y Sara habían elegido para su hijo]» y «tuvimos que ponernos tercos con los médicos» para defender «nuestro deseo de intentar salvar al niño». Finalmente, «el jefe de neonatología, el doctor Bustos, atendió nuestro requerimiento y empezó un ciclo de corticoides que aceleraba el desarrollo de los pulmones y el uso de antibióticos que anticipaba una posible infección».

La bolsa gestacional se rompió completamente el 11 de diciembre, con 22 semanas y cinco días de gestación, y entonces Sara «empezó a tener contracciones, cada vez más continuas y empezó a dilatar». El parto parecía inminente, así que Pablo Plaza volvió a acudir a la intercesión de Carmen Hernández «para que pararan las contracciones. Instantáneamente pararon. Los médicos estaban asombrados porque se hubieran parado de un momento a otro sin haber administrado ningún tipo de medicamento».

Nació sin vida

Una semana después, la noche del 17 de diciembre, Rubén se dispuso a nacer con un tiempo gestacional de 23 semanas y cinco días. Se esperaba un parto complicado. El niño llevaba una semana sin líquido amniótico, había introducido una pierna a través de una prótesis colocada cuando comenzaron las complicaciones del embarazo y, además, «venía de nalgas y la placenta tenía una posición anterior, por lo que la cesárea para reducir el sufrimiento fetal era inviable».

Durante el parto estuvieron presentes hasta 18 profesionales, entre ginecólogos, neonatólogos, anestesistas, matrona, enfermeros y auxiliares. Surgieron infinidad de complicaciones, pero finalmente consiguieron sacar al niño del vientre materno, pero «sin vida. En la misma sala empezaron a reanimarle entre cinco personas. Al poco, la matrona que estaba atendiendo el parto se nos acercó para decirnos que la cosa no iba bien y que Rubén no iba a salir adelante. Nosotros, en ese momento, comenzamos a asumir la pérdida de nuestro hijo con mucho dolor y mi mujer comenzó a rezar», rememora Plaza.

Carmen Hernandez Barrera
Iniciadora del Camino #Neocatecumenal
Iglesia Católica


Los padres, pertenecientes al Camino Neocatecumenal, habían expresado su voluntad de bautizar a Rubén cuando naciera. Los médicos accedieron a su petición cuando ya llevaban nueve largos minutos tratando de reanimar al niño. «Me acerqué temeroso con el agua del Jordán que tenía preparada y bauticé el pequeño cuerpo de mi hijo en voz alta; mi mujer en ese mismo momento hizo una oración a Carmen Hernández en su interior».

Tras verter sobre la cabeza de Rubén el agua del mismo río en el que Juan Bautista bautizó a Jesús, continuaron las labores de reanimación y «la doctora encargada nos dijo que, sorprendentemente Rubén, estaba vivo y con constantes normales». También advirtió de «que había pasado muchísimo tiempo en parada y estos niños no vivían más de dos horas». Por ello, se llevaron al pequeño a la zona de neonatos.

Como finalmente el niño había salido adelante, Pablo y la doctora formalizaron «el trámite del nacimiento y el ingreso del nuevo paciente en el hospital». En ese preciso momento, la médico recibió la analítica de Rubén «y, viéndolo delante de mí, se llevó las manos a la cabeza. Me dijo que mi hijo estaba perfecto, que incomprensiblemente no tenía ningún parámetro alterado. Estaba muy sorprendida y afectada».

Posteriormente, la matrona «nos dijo que había hablado con la jefa de enfermeras y que le había dicho que a Rubén le empezó a latir el corazón en el mismo momento en que le bauticé», asegura Pablo Plaza. De hecho, la matrona –conocida del matrimonio–  también les comentó «que la persona que se lo había dicho preguntó a las demás si se habían dado cuenta de lo que acababa de pasar, por si acaso tenían que testificar y alguno discrepara de lo sucedido, y todos dijeron que sí».

En la actualidad, Rubén tienen poco más de un mes de vida, «pesa 1.140 gramos y mide 34 centímetros. Va progresando en la respiración, tiene un par de infecciones y el ductus abierto fruto de esta infección, pero aún se sorprenden de la fuerza y ganas de vivir que mantiene. No hay día que el personal del hospital no manifieste su asombro por lo acontecido, suceso al que mencionan como el milagro del 2019», concluye Plaza, que ha mandado su testimonio para que pueda valorarse de cara a la causa de canonización de Carmen Hernández.

Fuente: alfa y omega / Web 6 de Febrero de 2020 /(29/05/2021 or)

viernes, 30 de abril de 2021

Una española madre de familia numerosa, con once hijos, es declarada “venerable” por el Papa Francisco

 

Amparo Portilla con algunos de sus hijos 

El Papa Francisco ha aprobado el decreto que la declara Venerable por haber ejercido las virtudes cristianas en un grado heroico. Ya sólo se necesita un milagro por su intercesión para que pueda ser declarada beata.


La valenciana Amparo Portilla Crespo, madre de 11 hijos, falleció en Madrid víctima de cáncer de pulmón en 1996, cuando tenía 71 años de edad. Cinco años después, el 17 de diciembre de 2001, la arquidiócesis de Madrid abrió su causa de beatificación, con el cardenal Rouco Varela presentándola como “una valenciana, ejemplar madre de familia”, informa Religión en Libertad.

Ahora, al cumplirse 20 años de iniciarse la causa, el Papa Francisco ha aprobado el decreto que la declara Venerable por haber ejercido las virtudes cristianas en un grado heroico. Ya sólo se necesita un milagro por su intercesión para que pueda ser declarada beata.

Amparo Portilla nació en 1925, la mayor de cuatro hermanos. A los 12 años de edad, perdió a su padre, encarcelado y asesinado en 1937 durante la Guerra Civil. A los 18 se le impuso la medalla de Hija de María en su colegio del Sagrado Corazón en Godella. Estudió Magisterio y Puericultura e impulsó la catequesis en la parroquia de la Santa Cruz, especialmente entre niños marginados por su pobreza, añade Religión en Libertad.

A los 25 años, casada con Federico Romero, se mudó a Madrid y se volcó en su familia cada vez más numerosa, como "trabajadora infatigable, siempre alegre y generosa, dando a los demás permanente ejemplo de vida cristiana”. Tuvieron 11 hijos y no les faltaron las penurias económicas.

También buscaba volcarse con "los más desprotegidos, pobres, enfermos o apartados de Dios", según los promotores de su beatificación.

Su familia destaca que siempre intentaba hablar bien de la gente, excusar a todos y tener algo bueno que poder decir de ellos. En cierta ocasión, hablando de una persona que no estaba quedando muy bien retratada, dijo, quizá con mentalidad de maestra: "¡Pero de pequeña pintaba muy bien!". La frase se hizo famosa entre sus conocidos: un esfuerzo por hablar bien de los demás, explica Religión en Libertad.

En Madrid llegaría a ser líder nacional de la Obra Apostólica Familiar, un movimiento católico familiarista que en 1966 se refundaría, junto con otros, en el actual Movimiento Familiar Cristiano. Participaba en programas de televisión hablando de la vida familiar y matrimonial.

De 1994 a 1996, enferma de cáncer de pulmón, dio ejemplo de fe, entereza y lo ofreció como instrumento para crecer en cercanía con Dios, ella y los que la acompañaban. Incluso al ir agravándose su estado seguía interesada en los problemas de los demás, e incluso en los acontecimientos sociales y mundiales. Primero le quitaron un pulmón. Luego empeoró. Quimioterapia, radioterapia, ocho broncoscopias, radiocirugía por metástasis cerebral... su entereza y alegría cristiana forman parte de las virtudes cristianas que la Iglesia reconoce.

Murió en su casa en la madrugada del 10 de mayo de 1996 “mirando en sus últimos días una imagen de Virgen de los Desamparados y dejando en todos los que la conocieron su profunda y auténtica vida cristiana”. Su cuerpo descansa en la Cripta de la Almudena en Madrid

Fuente: Religión en Libertad 24/04/2021 (ORevette) 30/04/2021


martes, 28 de enero de 2020

Papa Francisco sugiere que las parejas casadas impartan los cursos prematrimoniales


El Papa Francisco animó a obispos y pastores a confiar a los buenos matrimonios la tarea evangelizadora que muestre la belleza de la familia cristiana.

Así lo indicó el Santo Padre este 25 de enero 2020 en el Vaticano al inaugurar el año judicial del Tribunal de la Rota Romana.

En su discurso, el Pontífice recordó su catequesis de la audiencia general del miércoles 13 de noviembre de 2019 en la cual reflexionó sobre los esposos Áquila y Priscila como modelos de vida conyugal y preguntó: “¿por qué este modelo de cónyuges itinerantes no ha tenido, en la pastoral de la Iglesia, su propia identidad como cónyuges evangelizadores?”.

“Esto es lo que nuestras parroquias necesitarían, especialmente en las áreas urbanas, donde el párroco y sus colaboradores nunca tendrán tiempo y fuerza para llegar a fieles que, aunque se declaran cristianos, permanecen ausentes de la frecuencia de los sacramentos y carecen, o casi, del conocimiento de Cristo”, advirtió.

En esta línea, el Papa señaló que en la reforma del proceso matrimonial insistió en la importancia de la “proximidad y la gratuidad” por lo que invitó a los esposos cristianos a aprender de Áquila y Priscila para “enamorarse de Cristo y estar cerca de las familias, a menudo privadas de la luz de la fe, no por su culpa subjetiva, sino porque quedan al margen de nuestro cuidado pastoral: cuidado pastoral de élite que olvida a la gente”.

“¡Cuánto me gustaría que este discurso no sea solamente una sinfonía de palabras, sino que empuje, por un lado, a pastores, obispos, párrocos a tratar de amar, como lo hizo el apóstol Pablo, a las parejas casadas como misioneros humildes y disponibles a ir a aquellas plazas y a aquellos edificios de nuestras metrópolis, en los que la luz del Evangelio y la voz de Jesús no llega!”, exclamó el Papa.

Para ello, el Santo Padre explicó que se trata de “escuchar al rebaño, estar al lado de la gente, estar atentos a aprender su idioma y acercarse a cada uno con caridad, apoyando a las personas durante las noches de soledad, inquietudes y fracasos”.

En este sentido, el Pontífice afirmó que “en el trabajo pastoral en el catecumenado prematrimonial y postmatrimonial: son estas parejas quienes deben hacerlo y seguir adelante”.

“Invito e insto a los hermanos obispos y pastores a indicar estos santos cónyuges de la primera Iglesia como compañeros fieles y luminosos de los pastores de entonces; como apoyo, hoy, y de ejemplo de cómo los cónyuges cristianos, jóvenes y ancianos, puedan hacer que el matrimonio cristiano sea siempre fecundo de hijos en Cristo”, dijo.

Además, Francisco señaló que “debemos estar convencidos, y me gustaría decir seguros, que en la Iglesia existen parejas casadas similares que son un regalo de Dios, y no por nuestro mérito, sino por el hecho de que son el fruto de la acción del Espíritu que nunca abandona la Iglesia. Más bien, el Espíritu espera el ardor por parte de los pastores, de modo que la luz que estas parejas difunden en las periferias del mundo no se apague”.

Por ello, el Papa dirigió una invitación “a los hijos de la Iglesia en la época en que vivimos, a sentirse todos y cada uno llamados a entregar al futuro la belleza de la familia cristiana”.

Finalmente, el Santo Padre exhortó a los miembros de la Rota Romana a preguntarse: “Al juzgar, ¿he sido cercano a los corazones de las personas? Al juzgar, ¿abrí mi corazón a la gratuidad o me dejé atrapar por intereses comerciales? El juicio de Dios será muy fuerte sobre esto”, concluyó.

Fuente: AciPrensa 25/01/2020 / or


Papa Francisco: El diablo es el que induce a la tentación, no Dios


El Pontífice autorizó la promulgación de la tercera edición en italiano del Misal Romano escrito por Pablo VI

La oración que los italianos recitaban desde niños, ahora tienen que aprenderla de manera distinta.  El Padre nuestro en italiano cuenta con una nueva traducción.

A partir del 29 de noviembre, primer domingo de Adviento, todas las parroquias deberán recitar el Padre nuestro en la nueva versión aprobada por la Conferencia Episcopal Italiana acogiendo una sugerencia del papa Francisco y producto de un estudio durado 16 años.

La frase “non ci abbandonare alla tentazione” (“no nos dejes caer en la tentación”), sustituye la locución anterior: “non ci indurre in tentazione” (“no nos induzcas a la tentación”). 

De hecho, en la oración cristiana por excelencia, en la tradición litúrgica en idioma español siempre ha valido la primera frase, conservando la forma más fidedigna del sentido del texto de San Mateo [cf Mt 6, 9-13]. 

Por tanto, no es un cambio del Padre nuestro, los Evangelios están escritos en griego y el texto original de la oración de Jesús no se toca. Fuera de cualquier interpretación subjetiva, el texto italiano pasó a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos para el necesario control. 

El libro litúrgico “renovado” entrará en vigor antes de Navidad. Así, papa Francisco autorizó la promulgación de la tercera edición en italiano del Misal Romano escrito por Pablo VI.

De este modo, también entrará en el orden de la Misa en italiano el texto del Padre Nuestro contenido en la versión italiana de la Biblia, aprobado por la Conferencia Episcopal Italiana en 2008, y ya incluido en la edición italiana renovada del Leccionario. 

Otro cambio se refiere al Gloria donde el clásico “paz en la tierra a los hombres de buena voluntad” es sustituido por el nuevo “paz en la tierra a los hombres, amados por el Señor”.

El problema en el Padre nuestra era la traducción del termino del latín al italiano, eisenénkes, del verbo eisféro, que durante siglos fue escrito como “inducir”, del cual se basa la versión italiana: “non ci indurre in tentazione” (“no nos induzcas a la tentación”).

Francisco ya había dicho que esta no era una buena traducción. El Papa había explicado a finales de 2017 en una entrevista:

Soy yo quien cae, no es Él quien me induce a la tentación para ver cómo caigo. Un padre no hace esto, ayuda a levantarse inmediatamente. El que nos lleva a la tentación es Satanás, este es el trabajo de Satanás”. Por ende, el sentido de la oración es: “Cuando Satanás me induzca en tentación, por favor, dame tu mano (Señor).

En la audiencias generales del miércoles, papa Francisco ha dedicado un ciclo de catequesis completo a la exégesis del la oración que Jesús enseñó a sus discípulos luego que se lo solicitaron. “Maestro, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos”» (Lc 11, 1)”. La iglesia considera ésta la oración cristiana fundamental.

“San Lucas da de ella un texto breve (con cinco peticiones [cf Lc 11, 2-4]), San Mateo una versión más desarrollada (con siete peticiones [cf Mt 6, 9-13]). La tradición litúrgica de la Iglesia ha conservado el texto de San Mateo”, se lee en Catecismo de la Iglesia Católica en español (2759). 

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas 
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

Fuente: Aleteia 28/01/2020 / or



jueves, 23 de enero de 2020

Hay que insistir en la Oración en familia a toda costa


A pesar de las muchas dificultades, los padres tratan de orar por las tardes con sus hijos. Pero cuando las cosas se ponen difíciles, ¿sería mejor omitir la oración en familia?

Esta noche, María está un poco enojada con sus hijos, con su esposo, consigo misma, con Dios también, que parece no hacer nada para facilitar el encuentro familiar de la oración de la tarde. “Todo el mundo la hace sin querer hacerla, ya no veo para qué sirve”, confiesa esta madre de tres hijos, desanimada.
¿Deberíamos insistir? ¿Es “obligatoria” la oración en familia? Sí, porque una familia no puede prescindir de la oración. Algunas familias están llamadas a orar más que otras. Pero todas las familias están llamadas a orar.

Pero ten cuidado de no convertir la oración en familia como el único tipo de oración. Son muchos los gestos que dan sentido religioso a la vida cotidiana de la familia: la bendición antes de las comidas, la oración que se reza en el coche de camino a la escuela, el ritual festivo, el desayuno festivo del domingo por la mañana, la oración en el cementerio por los muertos de la familia…

Esta multitud de atenciones a Dios preparará y dará vida a la oración familiar en sí misma.

Obstáculos que nos impiden orar en familia

Por la mañana, es una carrera que suele impedir que la pequeña familia se reúna en una oración común. La fe familiar se expresa con mayor frecuencia en la oración de la tarde.

Esta no es la más fácil. Vidas distintas, días dispersos, corridas permanentes, fatiga acumulada, estrés múltiple, salidas apresuradas, el peso de las almas, fatiga corporal – todos factores que a menudo hacen que la rezar sea difícil.
“Nuestros adolescentes refunfuñan o boicotean, los pequeños se agitan, o se pelean. Me temo que esta oración les dará repugnancia a orar de nuevo”, confiesa Isabel, madre de cinco hijos.

Hay otros obstáculos más íntimos: un padre que, por modestia, tibieza o individualismo, se resiste a este ejercicio comunitario, uno de los cónyuges que no comparte la fe de su cónyuge, o su expresión pública, un adolescente que amenaza con sembrar discordia…

¡Sobre todo, no discutir!

Jerónimo, de 14 años, por ejemplo, muestra una abierta hostilidad a la hora de la oración de la tarde: sonríe, se ríe, se niega a participar. ¿Es a Dios a quien rechaza? ¿La oración o particularmente la oración en familia? Hay matices.

“Muchos adolescentes se avergüenzan de rezar con sus seres queridos. Pero no querer participar en la oración en familia no significa rechazar al Señor ni la oración”, señala Elizabeth, madre de cuatro hijos.

“La oración en familia debe ser un lugar de paz, no una fuente de discordia y “presión”, continúa. Nuestra hija mayor decide sistemáticamente ducharse en ese momento, mi marido prefiere leer su periódico… ¡qué pena!

Quizás llegue el momento en que todos podamos orar juntos: mientras tanto, no discutiremos sobre eso. Realmente sería

ineficaz. “Es una oración muy pobre… pero es nuestra”.

¿No es la oración de la tarde una dulce utopía? No, bajo dos condiciones: debes realmente quererlo y no querer lo imposible. “Un cierto perfeccionismo casi mata nuestra oración”, dice Bernardo.

¿Soñábamos con una verdadera liturgia? Llegamos dolorosamente a una pésima oración de tres minutos. Casi lo dejamos todo, y luego nos dijimos: “No. Es una oración pobre… pero es nuestra”.

“Creo que el Señor está de acuerdo. Lo poco que podemos hacer, debemos hacerlo. En el Evangelio, el muchacho de la multiplicación de los panes tenía sólo cinco panes y dos peces, pero los ofreció…”.

Eric, padre de cuatro hijos, confiesa con una sonrisa fatalista: “Madre Teresa dijo que una familia que reza unida permanece unida, nosotros no permanecemos unidos, todo lo contrario. Cuando rezamos juntos, ¡discutimos unos con otros! Así que decidimos mantener únicamente la oración del sábado por la noche, que usamos como una mini liturgia.

Por las tardes durante la semana, hacemos algunos ajustes…”.

Lo importante es encontrar el ritmo

¿Debemos seguir con la oración diaria a toda costa? Las opiniones están divididas. Algunos insisten en la regularidad como una fuerza, una fidelidad, un ritmo que facilita el rito. Los otros tienden, a menudo por necesidad, a favorecer tiempos más largos y menos frecuentes.

“Lo importante es encontrar el ritmo”, dice Georgette Blaquière, teóloga y ensayista católica francesa. A veces es mejor rezar con la familia sólo dos o tres veces por semana, o los domingos. Lo importante es vivirlo “para Dios”; en la verdad, como un tiempo realmente dedicado a Él.

Con demasiada frecuencia nos detenemos en el aspecto “pedagógico” de la oración. Buscamos educar a nuestros hijos en la fe. Confundimos “propósito” y “consecuencias”.

La oración personal no debe ser olvidada

El ideal es, por supuesto, haber podido habituar a la familia a la vida cristiana, para que el niño pueda crecer en este entorno de fe, y pueda cumplir su vocación de oración. Pero es un ideal… Lo importante es encontrar el camino de vuelta a la oración personal cuando estamos perdidos.

Esta es la verdadera fuente de la oración en familia. Sin la oración personal, ésta sólo puede ser una fachada que un día se romperá.

En efecto, la oración en familia no sustituye, ni para los padres ni para los hijos, al diálogo personal con Dios en el silencio del corazón. Al contrario, debe ayudarla.

Fuente: Aleteia 26/12/2019 / or 23/01/2020



Papa Francisco “Los padres son custodios y no propietarios de sus hijos”



En el Angelus del primer domingo después de Navidad, el Pontífice pide a las familias inspirarse en el modelo de la Sagrada Familia en el crecimiento de los niños

“Los padres son custodios y no propietarios de sus hijos”, expresó el papa Francisco este domingo 31 de diciembre de 2017, primer domingo después de Navidad, en la festividad de la Santa Familia de Nazaret.

El Pontífice invitó a reflexionar sobre la “experiencia vivida por María, José y Jesús, mientras crecen juntos como familia en el amor reciproco y en la confianza en Dios”.

Las familias de hoy tienen en la Sagrada Familia el modelo de “crear las condiciones favorables para el crecimiento armónico y pleno de los niños, para que puedan vivir una vida buena, digna de Dios y constructiva para el mundo”. 

Lo hizo durante el acostumbrado rezo mariano del Angelus a medio día ante los fieles y los peregrinos congregados bajo la ventana  del estudio del Palacio Apostólico a la víspera de la despedida del año en la plaza de San Pedro.
“Cada vez que las familias, incluso aquellas heridas y marcadas por la debilidad, el fracaso y la dificultad, regresan a la fuente de la experiencia cristiana, se abren a nuevos caminos y posibilidades inimaginables”, indicó.

Por ello, instó a las familias a seguir el camino del “nacimiento” y de la “resurrección” de Jesús.

“Una gran alegría de la familia es el crecimiento de los niños. Ellos están destinados a desarrollarse y fortalecerse, a adquirir sabiduría y a aceptar la gracia de Dios, tal como le sucedió a Jesús”.

El Papa expresó que con el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios se convierte “en un niño”,  quien “acepta crecer, fortalecerse, está lleno de la sabiduría y la gracia de Dios”.

Luego ha puesto como ejemplo a los padres de familia, la imagen de María y de José que “tienen la alegría de ver todo esto en su hijo; y esta es la misión a la que se orienta la familia: crear las condiciones favorables para el crecimiento armónico y pleno de los niños, para que puedan vivir una vida buena, digna de Dios y constructiva para el mundo”.

María y José confían en Dios y esa confianza la expresan en el rito que realizan en Jerusalén “con la ofrenda de su hijo Jesús a Dios: “Trajeron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor” (Lc 2, 22), como lo exige la ley mosaica.
Los padres de Jesús van al templo para certificar que el niño pertenece a Dios y que ellos son los guardianes de su vida y no sus dueños”.

El Pontífice explicó que este gesto enfatiza que “solo Dios es el Señor de la historia individual y familiar; todo proviene de Él. Cada familia está llamada a reconocer esta primacía, protegiendo y educando a los niños para que se abran a Dios, que es la fuente misma de la vida”.

Indicó que el nacimiento de Jesús derriba las imágenes falsas que hacemos de Dios y de nosotros mismos; para “contradecir” las certezas mundanas.

Fuente: Aleteia 31/12/2017 / or 23/01/2020


viernes, 17 de enero de 2020

Mi hijo se ha alejado de Dios 11 cosas que todo padre necesita entender

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 El hijo, antes de volver, recuerda con cariño la experiencia de su vida 
 como hijo amado. El amor de familia, el recuerdo del hogar son la 
 verdadera herencia del Padre Misericordioso.
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«Niños pequeños, problemas pequeños.
Niños grandes, problemas grandes».
— Refrán popular.
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Cuando te enteras de que tu esposa está embarazada, o cuando te enteras de que te darán un niño en adopción, te cambia la vida para siempre. ¡Tú y tu cónyuge van a ser padres! ¡Y de pronto te vuelves loco de amor!

Te prometes que vas a hacer por esa pequeña personita, que Dios puso en tu camino, todos los sacrificios posibles, todos los esfuerzos imaginables y que siempre vas a ser un padre y una madre presente, paciente, amoroso y genial.

1. Luego los niños comienzan a crecer

Y te das cuenta de que… las cosas no son tan sencillas. Los niños tienen una extraordinaria capacidad de trabajar la paciencia de la gente mayor casi desde el primer día. Por eso, Dios, en su infinita sabiduría, puso un papá y una mamá, para que tomen turnos cuidando al pequeñajo.

Las mamás lo hacen instintivamente, y los papás… no tanto, pero ¡podemos aprender! Cuando logramos hacer un gran equipo, los niños se desarrollan plenos y felices.

2. Y entonces llega la temida adolescencia

No podemos creer que ese pequeño, que era el sol de nuestras vidas, que tantas alegrías nos dio, de pronto se convierta en un ser huraño, protestón, aburrido, peleón y muchas veces tan tonto, que parece que no hay instrumentos para medirlo.

Nos busca, y generalmente nos encuentra, y esos encontronazos no son siempre lindos. La relación se desgasta, nos peleamos, nos amargamos y pensamos: «qué lindo será todo después de la adolescencia, cuando mi hijo o mi hija se comporten como adultos serios y responsables». Pero entonces… ¡Tampoco sucede!

Nos preguntamos: ¿Por qué esta serie de desencuentros entre el hijo ideal que siempre nos imaginamos y la realidad tan dura?

3. ¡Nuestros hijos son libres!

Así es, ¡Porque nuestros hijos son seres libres! Dios no solo los creó libres: ¡los quiere libres! ¿Y por qué Dios querría ese disparate? ¿Por qué no los hizo obedientes, buenos, sencillos, manejables y dulces como siempre los imaginamos?

Porque Dios quiere hijos, y no esclavos. El amor es una decisión libre, y por eso, la libertad es tan importante para Dios. El problema es que nuestros hijos los «tenemos» nosotros, y su libertad muchas veces choca contra nuestra idealización del hijo. Contra nuestras normas de convivencia, y a veces ¡Contra el mismo Dios!

¿Cómo puede ser que ese chiquitín o esa chiquitina que participó en su primera comunión con tanto fervor, de pronto no quiera ir más a Misa? Muchas veces esa revisión de «qué pasó», puede desembocar en una acusación implícita o explícita a nosotros mismos, a nuestra misión como padres.

¿Qué hice, o qué hicimos mal para que este pequeño, que era tan dócil, de pronto se convierta en un rebelde sin causa, que se revuelva contra la autoridad de papá y mamá y quiera «hacer su vida» o que «lo dejemos tranquilo»?

4. ¡No pasó nada, ni hicimos nada mal!

Nuestros hijos están «haciendo» su camino, y para ello deberán dejarnos, por más que muchas veces les duela a ellos y nos duela más a nosotros. Ellos necesitan resolver sus problemas por sí mismos, porque es una herramienta que necesitan para enfrentar la vida por sus propios medios.

Saben instintivamente que no vamos a estar durante toda su vida, y necesitan enfrentar los problemas que generan sus propias conductas en libertad.

Podemos pensar en ellos como en pequeñas plantas que hemos mantenido en un invernadero, y que debemos sacar a las condiciones naturales para que se templen, y desarrollen su propias raíces y follajes.

El invernadero estuvo muy bien mientras fueron frágiles, ahora es tiempo de que prueben (y especialmente que se prueben a sí mismos) en «condiciones reales». De ese modo, cuando vengan las tormentas de la vida, ya tendrán herramientas para enfrentarlas, porque dejamos que desplieguen sus alas y vuelen.

5. ¿Cómo comportarnos ante ese hijo desafiante?

Pero mientras tanto, mientras todavía chocamos, mientras nos desesperan con sus actitudes y desafíos, tendremos que saber cómo comportarnos.

Qué cosas les ayudan en esta exploración, qué cosas podemos hacer para otorgarles confianza, tal vez para hacer más corto este «recorrido divergente» y este crecimiento, y en última instancia, para no perder la paciencia y perjudicarnos mutuamente en esta etapa de su desarrollo.

Para ello me gusta mucho fijarme en la parábola del Hijo Pródigo (o como le gusta llamarla al papa Francisco, la parábola del «Padre Misericordioso»). Viendo la actitud del padre, podremos ver algunas pistas para saber qué hacer en estas circunstancias.

6. Tus hijos te van a «pedir la herencia»

Como vimos, tarde o temprano, tus hijos van a pedirte «que no te metas más en sus vidas», que te hagas a un lado y te apartes, que ellos necesitan «que los dejes en paz». Te lo garantizo, la primera vez que te pase, se te va a partir el corazón en pedazos.

No es fácil, no es lindo y es casi seguro que va a suceder, más temprano que tarde. La tendencia natural sería de decirles «mientras dependas de nosotros, cumplirás nuestras reglas».

Pero el Padre Misericordioso no hace eso. Al contrario, accede al pedido de su hijo y lo deja ir con «su parte de la herencia» y probablemente con los pedazos de su corazón destrozado.

Como te dije en la introducción: ellos necesitan abrirse camino por sus propios medios, necesitan equivocarse y golpearse para poder crecer. Puedes ofrecerle a Dios esos pedazos de tu corazón, para que esa «ruptura» sea fructífera y no tan dolorosa.

7. Tus hijos se van a ir a tierras extrañas

Cuando se vayan de casa, cuando se vayan a estudiar lejos, o cuando comiencen su vida, habrá tiempos en los que no querrán hablar con ustedes, y sentirás que el corazón se te cae de nuevo a pedazos.

¿Cómo puede ser que no nos quieran llamar, que no quieran pasar su cumpleaños con nosotros, que quieran alejarse voluntariamente de la casa que los vio crecer?

Precisamente, porque necesitan ampliar sus horizontes. Conocer gente nueva, experimentar otras formas de ver el mundo, hablar de otros temas, crecer y conocer nuevas experiencias, tal vez algunas que nosotros no nos animamos a su edad… Y también harán algunas cosas que van en contra de nuestras convicciones y creencias.

Van a buscarse en tierras extrañas, con la ilusión de descubrirse y encontrarse, pero también… con el riesgo de perderse. ¿Qué hace el Padre Misericordioso?, ¿va a buscarlo?, ¿va a pedirle que vuelva y que no haga lo que está haciendo? ¡No! El padre se mantiene a una respetuosa distancia.

Respeta la decisión de su hijo, a pesar de que probablemente haya tenido el corazón hecho trizas. Se mantiene apartado, deja que su hijo busque lo que quiera buscar, incluso con riesgo de que se pierda.

8. Puede ser que se equivoquen. Y mucho. Y muy feo

El Hijo Pródigo malgasta su herencia en una vida libertina. Nuestros hijos puede ser, que en esa búsqueda de sí mismos, en esa exploración, se equivoquen. Y esas equivocaciones hasta pueden tener consecuencias graves. La herencia del padre se perdió… aparentemente.

El hijo, a raíz de sus decisiones equivocadas, termina alimentando a cerdos, y deseando comer las bellotas que comen estos animales. Muchas veces, como consecuencia de sus decisiones erróneas, nuestros hijos la van a pasar realmente mal. Nuestra tentación como padres puede ir en dos direcciones, y (en mi opinión) ambas son decisiones equivocadas.

En una primera dirección, podremos resolverles el problema, diciendo: «mi hijo no va a comer bellotas de los cerdos», e intervenir con nuestro dinero, recursos o «poder», para que nuestro hijo «no sufra». La otra decisión equivocada sería enfrentarlo y recriminarle por sus errores. «Te lo advertí», «Te lo mereces».
La actitud correcta es la del padre. Y ya veremos cuál es.

9. Puede ser que pierdan la fe

En el sentido simbólico de la parábola, el derroche de la herencia y la vida con los cerdos significan la pérdida de la fe. En esa búsqueda, puede ser que nuestros hijos también la pierdan, y que dejen de practicar la oración diaria, la misa dominical, la confesión.

¡Nos desesperamos cuando pasa eso! ¿Por qué, si nosotros les enseñamos bien?, ¿por qué si nosotros rezamos constantemente por ellos?, ¿qué hicimos mal?, ¿qué podemos hacer?


Pero te lo resumo rápido: la fe es un don de Dios, y nosotros podremos pedirla para ellos, pero nunca podremos reemplazarla forzándolos a hacer prácticas piadosas, por más que a nosotros nos parezca que es lo que tenemos que hacer. Dios quiere hijos, no esclavos.

Y tal vez, si los forzamos a hacer cosas contra su voluntad, empeoremos la situación. Paz, y ciencia. Es decir: paciencia. Tengamos paz, sepamos que esto puede suceder y recemos al Buen Dios por la fe de nuestros hijos, que Él nunca deja caer una lágrima de madre o padre en vano.

10. El hijo recuerda cómo vivía en la casa de su padre

Una de las claves de la parábola es que el hijo, antes de volver, recuerda con cariño la experiencia de su vida como hijo amado. Ahí es donde tenemos que concentrar nuestras energías. El amor de familia, el recuerdo del hogar son la verdadera herencia del Padre Misericordioso.

Y eso se forja antes, mucho antes de que nuestros hijos decidan seguir su rumbo. Por eso es tan importante que durante su infancia y adolescencia nos enfoquemos en que su experiencia filial sea lo más benéfica posible.

Que sepamos que el amor que les damos durante su infancia y adolescencia va a moldear su carácter, su modo de ver la vida y su modo particular de amar en el futuro a su esposa e hijos, o a sus hijos espirituales en el caso de que Dios suscite la vocación religiosa o sacerdotal en tu hijo.

El amor de los padres es reflejo del amor de Dios, y como tal también moldea la fe de tus hijos. No solo el amor que los padres tienen a los hijos, sino el amor que los padres tienen entre sí. Así que ¡A cuidar a tu cónyuge, para beneficio de tus hijos!

11. El hijo que vuelve

Y un día, el hijo que se rebeló, el que se fue a estudiar lejos, el que no quería saber nada con nosotros, el que incluso nos despreció, vuelve. Me corrijo: no vuelve ese hijo, vuelve una persona renovada, un nuevo hijo. Y generalmente, ese hijo templado por las tormentas de su vida, va a ser extraordinariamente mejor que el que se fue.

Y tenemos que hacer como el Padre Misericordioso: devolverle inmediatamente y sin preguntar nada, la dignidad de hijo. Nuestro hijo sigue siendo nuestro hijo, pero con una ventaja: ya es un adulto probado por la vida, y va a poder acercarse y comprendernos mucho mejor a nosotros como padres.

Ya vamos a poder hablar de igual a igual, de adulto a adulto, de persona fogueada a persona fogueada. Nuestro amor de padres se va a ver engrandecido por lo que nuestro hijo logró por sus propios medios.

Fuente: Blog Padre Ismael Ojeda Sacerdote Agustino Recoletos / or