sábado, 29 de mayo de 2021

 

«A Rubén le empezó a latir el corazón en el 

mismo momento en que le bauticé»


Tras diez años de matrimonio, Pablo y Sara pidieron la intercesión de Carmen Hernández Barrera, iniciadora del Camino Neocatecumenal junto a Kiko Argüello, para que llegara el hijo que tanto deseaban. Ella se quedó embarazada, pero el pequeño Rubén venía con problemas y sus «probabilidades de supervivencia eran muy remotas». Frente al diagnóstico médico, y a pesar de nacer sin vida, el matrimonio se aferró a la oración. «A Rubén le empezó a latir el corazón en el mismo momento en que le bauticé» en la sala de partos, asegura Pablo Plaza.

Pablo y Sara llevaban casados diez años. Durante esta primera década de su matrimonio no habían logrado tener hijos «a pesar de haber probado muchos tratamientos médicos». Su deseo de acoger una nueva vida que, sin embargo, no terminaba de llegar, les llevó hasta la tumba de Carmen Hernández, ante la que rezaron, hace ahora dos años, «para pedirle la gracia de tener un hijo», explica Pablo Plaza.

Después de orar ante el sepulcro de la iniciadora –junto a Kiko Argüello– del Camino Neocatecumenal, «mi mujer se quedó embarazada, sin ninguna ayuda extra, a principios de julio del 2019». La buena nueva coincidió, además, «con el inicio de la acogida de un niño de dos años».

Las oraciones habían sido escuchadas, Sara ya tenía a su hijo en su seno, pero ambos tuvieron que luchar para que esa nueva vida saliera adelante. Los problemas comenzaron «a partir de la consulta de las 20 semanas, el 25 de noviembre, cuando descubrieron que mi mujer presentaba incompetencia cervical y el cuello del útero estaba acortado». Los médicos recetaron reposo absoluto.

A pesar de seguir los consejos de los facultativos, el 6 de diciembre por la mañana se rompió parcialmente el saco amniótico de Sara y el matrimonio se dirigió al Hospital Universitario Doce de Octubre de Madrid, donde la dejaron ingresada. «Nos comentaron que las probabilidades de supervivencia del niño eran, en el mejor de los casos, muy remotas y si sobrevivía, sería con unas secuelas tan graves que no sería humano mantenerlo con vida», asegura Plaza.

Los médicos «insistían en la no viabilidad de Rubén [nombre que Pablo y Sara habían elegido para su hijo]» y «tuvimos que ponernos tercos con los médicos» para defender «nuestro deseo de intentar salvar al niño». Finalmente, «el jefe de neonatología, el doctor Bustos, atendió nuestro requerimiento y empezó un ciclo de corticoides que aceleraba el desarrollo de los pulmones y el uso de antibióticos que anticipaba una posible infección».

La bolsa gestacional se rompió completamente el 11 de diciembre, con 22 semanas y cinco días de gestación, y entonces Sara «empezó a tener contracciones, cada vez más continuas y empezó a dilatar». El parto parecía inminente, así que Pablo Plaza volvió a acudir a la intercesión de Carmen Hernández «para que pararan las contracciones. Instantáneamente pararon. Los médicos estaban asombrados porque se hubieran parado de un momento a otro sin haber administrado ningún tipo de medicamento».

Nació sin vida

Una semana después, la noche del 17 de diciembre, Rubén se dispuso a nacer con un tiempo gestacional de 23 semanas y cinco días. Se esperaba un parto complicado. El niño llevaba una semana sin líquido amniótico, había introducido una pierna a través de una prótesis colocada cuando comenzaron las complicaciones del embarazo y, además, «venía de nalgas y la placenta tenía una posición anterior, por lo que la cesárea para reducir el sufrimiento fetal era inviable».

Durante el parto estuvieron presentes hasta 18 profesionales, entre ginecólogos, neonatólogos, anestesistas, matrona, enfermeros y auxiliares. Surgieron infinidad de complicaciones, pero finalmente consiguieron sacar al niño del vientre materno, pero «sin vida. En la misma sala empezaron a reanimarle entre cinco personas. Al poco, la matrona que estaba atendiendo el parto se nos acercó para decirnos que la cosa no iba bien y que Rubén no iba a salir adelante. Nosotros, en ese momento, comenzamos a asumir la pérdida de nuestro hijo con mucho dolor y mi mujer comenzó a rezar», rememora Plaza.

Carmen Hernandez Barrera
Iniciadora del Camino #Neocatecumenal
Iglesia Católica


Los padres, pertenecientes al Camino Neocatecumenal, habían expresado su voluntad de bautizar a Rubén cuando naciera. Los médicos accedieron a su petición cuando ya llevaban nueve largos minutos tratando de reanimar al niño. «Me acerqué temeroso con el agua del Jordán que tenía preparada y bauticé el pequeño cuerpo de mi hijo en voz alta; mi mujer en ese mismo momento hizo una oración a Carmen Hernández en su interior».

Tras verter sobre la cabeza de Rubén el agua del mismo río en el que Juan Bautista bautizó a Jesús, continuaron las labores de reanimación y «la doctora encargada nos dijo que, sorprendentemente Rubén, estaba vivo y con constantes normales». También advirtió de «que había pasado muchísimo tiempo en parada y estos niños no vivían más de dos horas». Por ello, se llevaron al pequeño a la zona de neonatos.

Como finalmente el niño había salido adelante, Pablo y la doctora formalizaron «el trámite del nacimiento y el ingreso del nuevo paciente en el hospital». En ese preciso momento, la médico recibió la analítica de Rubén «y, viéndolo delante de mí, se llevó las manos a la cabeza. Me dijo que mi hijo estaba perfecto, que incomprensiblemente no tenía ningún parámetro alterado. Estaba muy sorprendida y afectada».

Posteriormente, la matrona «nos dijo que había hablado con la jefa de enfermeras y que le había dicho que a Rubén le empezó a latir el corazón en el mismo momento en que le bauticé», asegura Pablo Plaza. De hecho, la matrona –conocida del matrimonio–  también les comentó «que la persona que se lo había dicho preguntó a las demás si se habían dado cuenta de lo que acababa de pasar, por si acaso tenían que testificar y alguno discrepara de lo sucedido, y todos dijeron que sí».

En la actualidad, Rubén tienen poco más de un mes de vida, «pesa 1.140 gramos y mide 34 centímetros. Va progresando en la respiración, tiene un par de infecciones y el ductus abierto fruto de esta infección, pero aún se sorprenden de la fuerza y ganas de vivir que mantiene. No hay día que el personal del hospital no manifieste su asombro por lo acontecido, suceso al que mencionan como el milagro del 2019», concluye Plaza, que ha mandado su testimonio para que pueda valorarse de cara a la causa de canonización de Carmen Hernández.

Fuente: alfa y omega / Web 6 de Febrero de 2020 /(29/05/2021 or)

viernes, 30 de abril de 2021

Una española madre de familia numerosa, con once hijos, es declarada “venerable” por el Papa Francisco

 

Amparo Portilla con algunos de sus hijos 

El Papa Francisco ha aprobado el decreto que la declara Venerable por haber ejercido las virtudes cristianas en un grado heroico. Ya sólo se necesita un milagro por su intercesión para que pueda ser declarada beata.


La valenciana Amparo Portilla Crespo, madre de 11 hijos, falleció en Madrid víctima de cáncer de pulmón en 1996, cuando tenía 71 años de edad. Cinco años después, el 17 de diciembre de 2001, la arquidiócesis de Madrid abrió su causa de beatificación, con el cardenal Rouco Varela presentándola como “una valenciana, ejemplar madre de familia”, informa Religión en Libertad.

Ahora, al cumplirse 20 años de iniciarse la causa, el Papa Francisco ha aprobado el decreto que la declara Venerable por haber ejercido las virtudes cristianas en un grado heroico. Ya sólo se necesita un milagro por su intercesión para que pueda ser declarada beata.

Amparo Portilla nació en 1925, la mayor de cuatro hermanos. A los 12 años de edad, perdió a su padre, encarcelado y asesinado en 1937 durante la Guerra Civil. A los 18 se le impuso la medalla de Hija de María en su colegio del Sagrado Corazón en Godella. Estudió Magisterio y Puericultura e impulsó la catequesis en la parroquia de la Santa Cruz, especialmente entre niños marginados por su pobreza, añade Religión en Libertad.

A los 25 años, casada con Federico Romero, se mudó a Madrid y se volcó en su familia cada vez más numerosa, como "trabajadora infatigable, siempre alegre y generosa, dando a los demás permanente ejemplo de vida cristiana”. Tuvieron 11 hijos y no les faltaron las penurias económicas.

También buscaba volcarse con "los más desprotegidos, pobres, enfermos o apartados de Dios", según los promotores de su beatificación.

Su familia destaca que siempre intentaba hablar bien de la gente, excusar a todos y tener algo bueno que poder decir de ellos. En cierta ocasión, hablando de una persona que no estaba quedando muy bien retratada, dijo, quizá con mentalidad de maestra: "¡Pero de pequeña pintaba muy bien!". La frase se hizo famosa entre sus conocidos: un esfuerzo por hablar bien de los demás, explica Religión en Libertad.

En Madrid llegaría a ser líder nacional de la Obra Apostólica Familiar, un movimiento católico familiarista que en 1966 se refundaría, junto con otros, en el actual Movimiento Familiar Cristiano. Participaba en programas de televisión hablando de la vida familiar y matrimonial.

De 1994 a 1996, enferma de cáncer de pulmón, dio ejemplo de fe, entereza y lo ofreció como instrumento para crecer en cercanía con Dios, ella y los que la acompañaban. Incluso al ir agravándose su estado seguía interesada en los problemas de los demás, e incluso en los acontecimientos sociales y mundiales. Primero le quitaron un pulmón. Luego empeoró. Quimioterapia, radioterapia, ocho broncoscopias, radiocirugía por metástasis cerebral... su entereza y alegría cristiana forman parte de las virtudes cristianas que la Iglesia reconoce.

Murió en su casa en la madrugada del 10 de mayo de 1996 “mirando en sus últimos días una imagen de Virgen de los Desamparados y dejando en todos los que la conocieron su profunda y auténtica vida cristiana”. Su cuerpo descansa en la Cripta de la Almudena en Madrid

Fuente: Religión en Libertad 24/04/2021 (ORevette) 30/04/2021