lunes, 18 de marzo de 2019

¿Cuál es el secreto del tremendo éxito de esta parroquia? «Abre todo el día, el Señor hará el resto»

El padre José Manuel Horcajo, párroco de San Ramón Nonato de Vallecas
 (Madrid) tuvo como primera decisión abrir todo el día las puertas del templo de par en par / J.L

José Manuel Horcajo ha aunado en Vallecas de manera efectiva evangelización y atención social


Una carga policial, contenedores ardiendo y jóvenes encapuchados corriendo. Este fue el panorama que encontró el sacerdote José Manuel Horcajo al llegar al que iba a ser su nuevo barrio, Puente de Vallecas, zona obrera y una de las más pobres de Madrid. El horizonte que se presentaba no era halagüeño por la mala fama de Vallecas, pero tampoco ayudó el que una feligresa anciana le diera como primer regalo de bienvenida una navaja advirtiéndole de que la necesitaría. De aquello han pasado casi 10 años y ahora la parroquia de San Ramón Nonato se ha convertido en una de las más punteras de Madrid.
El incansable trabajo de este párroco ha conseguido convertir este templo en toda una institución social en Vallecas, con un comedor que da más de 300 comidas diarias y con 40 proyectos que incluyen residencias para mujeres con problemas, familias pobres, para hombres en dificultad, de ayuda a personas discapacitadas, mujeres embarazadas, otras que viven el síndrome post-aborto y así un largo etcétera. Una auténtica obra social que atiende a miles de personas con sus más de 300 voluntarios, de los que la mitad son los propios pobres, que además va totalmente unida a la evangelización. En la parroquia se han producido numerosas e impresionantes conversiones. Vagabundos, drogadictos, ludópatas, prostitutas que llegaron pidiendo auxilio, y que ahora son ellos los que evangelizan a través de los numerosos grupos de evangelización.
Entran pobres y salen santos. La historia de la parroquia San Ramón Nonato y la ejemplar conjunción entre la ayuda material y la espiritual la cuenta José Manuel Horcajo en el libro Al cruzar el puente (Palabra), donde muestra cómo el Espíritu actúa a través de numerosos testimonios concretos de personas del barrio. En esta entrevista con Religión en Libertad habla de esta maravillosa obra  que se está desarrollando en Vallecas:
- El día que llegó a la parroquia se encontró atrapado por cargas policiales y contenedores ardiendo, el primer regalo que recibió de sus feligreses fue una navaja y el párroco saliente le dijo: ‘Prepárate para la que te espera’. Con este panorama, ¿cómo entró en el barrio?
- Guiado por el Espíritu santo y por el Cura de Ars, que para mí siempre ha sido un referente, él que iba dispuesto a dejarse llevar por Dios. En ese momento tuve un gran impulso del Espíritu Santo para tomarme un poco a broma o con un espíritu sobrenatural todo lo que sucedía. Pero visto con el tiempo no sé cómo tuve tantas ganas. Dios me iba haciendo descubrir cosas. Entonces uno no se da cuenta del drama que hay. El Señor te da una fuerza especial: ‘Estoy aquí a tu lado’. Hay una fama de Vallecas que luego no es así, pero es verdad que hay momentos dramáticos, cosas que te duelen, como ver que los jóvenes están en pandillas, a uno que le dan un tiro en la nuca, a otro que le cortan el brazo…
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La parroquia San Ramón Nonato está situada en el barrio de Puente de Vallecas, una de las zonas de Madrid con mayor pobreza, tasa de inmigración e inseguridad.
- La parroquia está en un barrio obrero y tradicionalmente de izquierdas. ¿Cómo le perciben en el barrio a usted, que va siempre con alzacuellos, y a la parroquia en general?
- La gran mayoría muy positivamente. Aquí no hace falta poner carteles, la gente ve dónde van los pobres, dónde acuden las personas con necesidad, a qué puerta llaman. La misma gente del barrio, cuando ve que alguien, por necesidad, no tiene casa o qué comer le dice: ‘Ve a la parroquia’. Para mí esa es la mejor publicidad. Los vecinos no les dicen que vayan al Ayuntamiento o a los servicios sociales, sino a la parroquia. Esto es signo de que la gente sabe dónde se ayuda.
Este es el mejor cartel de la caridad, ese mirad cómo se quieren. Saben que aquí se quiere a la gente. No tenemos muchos recursos, pero tenemos mucho cariño. Damos apoyo, escucha, amistad, y eso es ya mucho para estas personas. Saben que les van a escuchar, acoger, buscar soluciones, y esto mismo el barrio lo sabe. Ayer mismo por la tarde vino una madre con su hija, porque se quedaban sin casa y vimos qué podemos poner en marcha. Nos han enviado personas de Segovia, Alcalá, Getafe, Villaverde. 
- En el libro cuenta que una de las primeras cosas que hizo fue abrir la parroquia todo el día y que las puertas estuvieran bien abiertas, también los portones. ¿Por qué es tan importante?
-  No solo hay que abrir el templo, sino parecerlo. El primer punto de la pastoral misionera es abrir la iglesia todo el día. Nosotros lo hacemos de 7.30 a 21.30 y los jueves hasta las 00.00 y además que se vea bien visible, con las grandes puertas abiertas.
Punto dos. El Señor hará el resto. Esto es verdad. Si abres la iglesia, la gente entra para llorar, para desahogarse, para rezar, para cargar el móvil o para descansar, porque pueden estar tranquilos. Muchos duermen en terrazas, en el sofá del comedor, o no pueden estar en casa porque hay peleas, y aquí en la iglesia están tranquilos. Se sienten muy contentos. Además, la gente de la parroquia está acostumbrada a ir a hablar con aquellos que ven tristes o llorando y así hablan, se desahogan y todo esto se acaba convirtiendo en una evangelización en el mismo templo. Hay que abrir la iglesia y luego Dios hará el resto.
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La labor del padre Horcajo y de la parroquia de San Ramón Nonato fue reconocida con el galardón de "Caridad en Acción" en la I Edición de los Premios Religión en Libertad.
- Para los políticos y organismos la pobreza son sobre todo datos y estadísticas, pero en su parroquia son rostros e historias concretas. En el libro aparecen numerosos casos...
- Uno muy concreto es Ángel. Dormía en el callejón entre cartones, los jóvenes le orinaban, pero el hombre no quería venir al comedor, y eso que estaba a 20 metros. Estaba tan desesperado que no quería ni comer, solo morirse. Esta pobreza no aparece en las estadísticas. Es una pobreza espiritual y humana. Al final confió en una voluntaria y vino al comedor. Entró en contacto con una familia, veía amistad, comía bien, se sentía útil, valorado, y él, que era un perro tirado, empezó a ser una persona. Esto le animó a resolver sus problemas personales, y de ahí experimentó una conversión grandísima a la fe. Ahora trabaja, paga su alquiler, está contento y nos ayuda mucho. Esto no se puede valorar económicamente.
- Detrás de muchos de estos casos hay heridas muy profundas del pasado. ¿Cómo ayudáis a curarlas?
- Una mujer que sale en el libro consideraba que la prostitución, el abuso de los hombres sobre ella era lo normal, siempre lo había vivido así. Una persona que ve esto en su vida como normal y que es una semiesclava es una persona que tiene una herida profunda que hasta que no sane da igual que le des un trabajo o un piso. En el fondo, su oscuridad interna le impide tener una luz para vivir.
Hay que empezar con ese tema. Y esa herida profunda no se cura en dos sesiones, ni con una sola persona que la ayude, sino con una familia que la envuelve, que la protege, le da un cimiento, una raíz, y le da una ilusión de vivir. Para asumir la propia dignidad hace falta un recorrido, una comunidad que te lo haga creer. Porque estas heridas son las que provocan los desastres humanos y económicos. Debajo de su falta de estabilidad humana están sus heridas del pasado, que son las que hay que solucionar.
- Entonces, ¿la mera ayuda económica no es suficiente?
Hoy en día se dice en las instituciones sociales: ‘Da a los pobres, pero no les pidas nada a cambio’. En parte es cierto, porque la ayuda es gratis, pero esto encierra una mentira. Lo que hay que dar al pobre es responsabilidad. Si no se hace responsable de su vida, los bienes que le des los perderá y acabará todavía peor.

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