(ZENIT – 21 junio 2019).-El pasado 10 de junio,
la Congregación para la Educación Católica hizo público un
documento titulado
“Varón y mujer los creó”, en el que se expone lo
que esta Congregación piensa sobre la Ideología
de Género, y especialmente cómo se puede hacer llegar
esta información al mundo educativo, pues, según dicha
Congregación, el objetivo del Documento es «ofrecer algunas
reflexiones que puedan orientar y apoyar a cuantos están
comprometidos con la educación de las nuevas generaciones para poder
abordar metódicamente las cuestiones más debatidas sobre la
sexualidad humana, a la luz de la vocación al amor, a la cual toda
persona es llamada».
La Congregación para la Educación Católica
ofrece este documento para orientar y apoyar a cuantos están
comprometidos en la educación de los jóvenes.
Dada la extensión del Documento, que incluye 57
puntos, desde el Observatorio de Bioética de la Universidad Católica
de Valencia, nos ha parecido de interés redactar un texto resumido
que, sin alterar el contenido del documento original, pueda facilitar
su lectura.
Este texto se estructura, al igual que el
documento original, en capítulos, con los mismos
títulos que en él se especifican.
Introducción
No cabe duda que los padres y educadores están
ante una verdadera emergencia educativa en todo aquello que afecta a
los temas de afectividad y sexualidad, pues en muchos casos se han
propuesto caminos educativos que «transmiten una concepción de la
persona y de la vida pretendidamente neutra, pero que en realidad
reflejan una antropología contraria a la fe y a la justa razón»,
creando una profunda «desorientación antropológica» en los padres
y educadores sobre estos temas.
Tanto unos como otros se enfrentan al desafío que
supone la Ideología de Género, que esencialmente niega la
diferencia sexual entre hombre y mujer, ya que el sexo no se define
genéticamente, es decir en el nacimiento, sino que se construye
según los deseos individuales. Soy varón o mujer, porque es lo que
siento y quiero ser. Esto socaba el fundamento antropológico de la
familia, al separar drásticamente la diversidad y complementariedad
biológica entre varón y mujer.
Al abordar esta cuestión, ésta no puede ser
valorada al margen de la educación al amor, según se define en el
Concilio Vaticano II, en donde se especifica que la educación sexual
debe responder «al propio fin, al propio carácter, al diferente
sexo, a la vez que sea conforme a la cultura cristiana».
Por ello, la Congregación para la Educación
Católica, dentro de sus competencias, ofrece este documento para
orientar y apoyar a cuantos están comprometidos en la educación de
los jóvenes.
Breve historia
El documento se refiere, en primer lugar, a cómo
ha evolucionado el concepto de Género en el siglo XX, que
fundamentalmente se basa en una «lectura puramente sociológica de
la diferenciación sexual enmarcada dentro de las libertades
individuales», haciendo hincapié en que «la identidad sexual tiene
más que ver con una construcción social que con una realidad
natural o biológica», afirmando en ese sentido que en «las
relaciones interpersonales lo que importa es el afecto ente los
individuos, independientemente de la diferencia sexual y del fin
procreador de dichas relaciones, relaciones que se consideran
irrelevantes en la construcción de concepto de familia».
Puntos de encuentro
Aunque, indudablemente el concepto de Ideología
de Género difiere sustancialmente de lo que en la
diferenciación sexual propugna una adecuada antropología cristiana,
existen también algunos puntos de encuentro, como puede ser el
«luchar por cualquier expresión de injusta discriminación» entre
los individuos, y en «respetar a cada persona en su particular y
diferente condición, de modo que nadie debido a sus condiciones
personales pueda convertirse en objeto de acoso, violencia, insultos
y discriminación injusta».
Otro punto que puede ser positivo es aumentar la
comprensión antropológica de los valores de la feminidad que de
alguna forma se defiende en esta Ideología.
Crítica
Sin embargo, existen abundantes puntos
discrepantes entre la Ideología de Género y una adecuada
antropología cristiana, ya que las teorías del Género estimulan
«un proceso progresivo de desnaturalización o alejamiento de la
naturaleza» en cuanto al sexo se refiere. En este sentido la
identidad sexual, e incluso la propia familia, hay que repensarlas de
acuerdo a lo que se ha venido en denominar “liquidez” y “fluidez
postmoderna”.
Además de ello, la ideología de género propone
un dualismo antropológico, que da origen a un «relativismo, donde
todo es equivalente e indiferenciado, sin orden ni finalidad»,
vaciando de esta manera la antropología cristiana sobre el sexo de
las personas y sobre la familia.
Todo ello promueve «proyectos educativos y pautas
legislativas» que afectan radicalmente a la «diferencia biológica
entre el hombre y la mujer», «como si más allá de los individuos
no hubiera verdades, valores, principios que nos orienten, como si
todo fuera igual y cualquier cosa debiera permitirse».
Razonar
«Existen argumentos racionales que aclaran la
centralidad del cuerpo como un elemento integral de la identidad
personal y de las relaciones personales». «El cuerpo es la
subjetividad que comunica la identidad del ser», ya que el
dimorfismo sexual, es decir, la diferencia sexual entre hombres y
mujeres, está fundamentado en las ciencias experimentales y humanas.
Como consecuencia de ello «el proceso de
identificación sexual se ve obstaculizado por la construcción
ficticia de un “género” o incluso de un “tercer género”,
oscureciendo la sexualidad como un elemento diferenciador de la
identidad masculina y femenina.
Proponer
«Sin una aclaración satisfactoria de la
antropología sobre la cual se basa el significado de la sexualidad y
la afectividad, no es posible estructurar adecuadamente un camino
educativo que sea coherente con la naturaleza del hombre como
persona», ya que dicha antropología, la cristiana, defiende que «el
hombre posee una naturaleza que se debe respetar y que no puede
manipularse a su antojo», respeto que se basa en «el reconocimiento
de la dignidad peculiar del ser humano y en la ley moral escrita en
su propia naturaleza». Esta antropología cristiana tiene sus raíces
en la narración de los orígenes, tal como se describe en el libro
del Génesis, en donde se afirma que “Dios creo al hombre a su
imagen, varón y mujer los creó (Génesis 1, 27).
La familia
Según el documento de la Congregación para la
Educación Católica que se está comentando, «la familia es el
lugar natural en donde la relación entre hombre y mujer encuentra su
plena actuación. La familia es una realidad antropológica y, en
consecuencia, una realidad social de cultura», es decir, «una
sociedad natural en donde se realizan plenamente la reciprocidad y
complementariedad entre hombre y mujer». Esta realidad precede al
mismo orden sociopolítico del Estado».
Fundados en esta racionalidad antropológica
surgen dos derechos, «el primero es el derecho de la familia a ser
reconocida como el principal espacio pedagógico para la formación
del niño», lo que fundamenta el derecho que tienen los padres a
educar a sus hijos; el segundo es el derecho del niño a «crecer en
una familia con un padre y una madre, en el que se genere un ambiente
idóneo para su desarrollo y maduración afectiva».
La escuela
De igual manera los educadores cristianos deben
«dar testimonio de la verdad sobre la persona humana», y
cuando hacen referencia a la «educación de la afectividad deben
utilizar un lenguaje apropiado a la edad de los alumnos, pues deben
de tener en cuenta que los niños y los jóvenes aún no han
alcanzado la plena madurez», por lo que las enseñanzas referentes a
la sexualidad deben realizarse de acuerdo a su edad.
La sociedad
No cabe duda que la sociedad actual está imbuida
por la prioridad de la libertad personal, lo que condiciona que la
bandera de dicha libertad se esgrima como objetivo fundamental de la
educación sexual.
Por estas razones «no se puede dejar a la familia
sola, frente al desafío educativo», debiendo fomentarse una
«alianza educativa entre familia, escuela y sociedad», promoviendo
un interactuar sustancial y no burocrático que armonice las
responsabilidades primordiales de los padres con la tarea de los
maestros en la educación de los niños y adolescentes, teniendo en
cuenta que esta alianza «debe estar informada siempre por el
principio de subsidiariedad».
La formación de los formadores
Dentro de este proceso educativo es fundamental la
educación continuada de los formadores, que debe abarcar no
solamente sus aspectos profesionales específicos, sino también
aquellos culturales y espirituales que pueden afectar a la educación
de los alumnos, tratando de que «los educadores sepan acompañar a
los alumnos hacia objetivos elevados», relacionándolos «entre
ellos y con el mundo social».
Un aspecto importante es el ejemplo personal de
los educadores, pues «el hombre contemporáneo escucha más a gusto
a los que dan testimonio que a los que enseñan y, sobre todo, si
escucha a los que enseñan es porque a su vez dan testimonio».
Al margen de esta reflexión general, y ya
estrictamente en relación con la Ideología de Género, es
fundamental que los educadores católicos «reciban una preparación
adecuada sobre el contenido de los diferentes aspectos de la cuestión
de género y sean informados sobre las leyes vigentes y las
propuestas que se están discutiendo en sus propios países con la
ayuda de personas cualificadas que de manera equilibrada» y bien
fundamentad sobre principios científicos confirmados.
Conclusión
Concluye el documento afirmando que «el diálogo
parece ser el camino más efectivo para una transformación positiva
de las inquietudes e incomprensiones», para el desarrollo en
profundidad del ser humano.
«Más allá de cualquier reduccionismo ideológico
los educadores católicos están llamados a transformar positivamente
los desafíos actuales», siguiendo el camino de la razón y de la
propuesta cristiana. «Los formadores tienen la fascinante misión
educativa de enseñar un camino en torno a las diversas expresiones
del amor, al cuidado mutuo, a la ternura respetuosa y a la
comunicación en busca de sentido».
«Esta cultura de dialogo no contradice la
legitima aspiración de las escuelas católicas de mantener su propia
visión de la sexualidad humana en función de la libertad de las
familias para poder basar la educación de sus hijos en una
antropología integral capaz de armonizar todas las dimensiones que
constituyen su identidad física o espiritual».
«La Congregación para la Educación Católica
alienta a continuar con la misión formativa de las nuevas
generaciones y especialmente de quien sufre la pobreza en sus
distintas expresiones y necesitan del amor de los educadores y
educadoras».
Comentario final
No cabe duda que la Ideología de Género está
influyendo objetivamente en el pensamiento social, orientándolo a
posturas opuestas a lo que se podría calificar como una adecuada
antropología cristiana, lo que afecta profundamente a personas y
familias.
No siempre las valoraciones que se hacen,
generalmente desde grupos ideológicos de poder, son acordes al
pensamiento cristiano, por ello, es de agradecer que la Congregación
para la Educación Católica, haya publicado, el documento “Varón
y mujer los creó. Para una vía del diálogo sobre la cuestión del
género”, en el que de forma explícita se expone lo que se debe
considerar como doctrina de la Iglesia Católica en esta
controvertida materia.
Somos muchos los católicos que vamos a encontrar
en este Documento una fuente de aguas claras para ir formando nuestra
conciencia en tan controvertido problema, con la seguridad de que
vamos a caminar por el sendero que nuestra madre la Iglesia nos va
señalando.
Además de ello, la Ideología de Género afecta
de forma directa a la educación de los hijos, por lo que una guía
para orientar a los padres sobre qué hacer en este delicado tema, es
un instrumento de incalculable valor para saber cómo proceder en el
sagrado deber que tenemos de educar a nuestros hijos en la Fe y ello,
especialmente, en nuestra Comunidad Valenciana en donde las
autoridades educativas han publicado una Guía de Educación Sexual
para controlar la educación de los adolescentes y jóvenes en
materia sexual, guía que no solo ofrece pautas muy alejadas de una
adecuada antropología cristina, sino que en algunas ocasiones se
muestra manifiestamente contraria.
Es por ello, que el Documento para la Congregación
de la Educación Católica es, en estos momentos, un texto de
indudable utilidad para orientar a los padres católicos sobre la
educación de sus hijos.
Justo Aznar
Observatorio de Bioética
Universidad Católica de Valencia
Fuente: Zenit 21.06.2019 / ORevette 20.08.2019
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