27
septiembre 2018 - El Papa encontró, al final de las
jornadas de estudio y reflexión, a los participantes en el curso de formación
sobre matrimonio y familia promovido por la Diócesis de Roma y el Tribunal de
la Rota Romana. A ellos subrayó la importancia del acompañamiento eclesial en
cada etapa del matrimonio, y la necesidad de un catecumenado permanente que
involucre a todos: sacerdotes, agentes pastorales y esposos cristianos.
A los cónyuges que experimentan
serios problemas en su relación y se encuentran en crisis, es necesario
ayudarles a revivir su fe y a redescubrir la gracia del Sacramento: lo dijo el
Papa encontrando a los participantes en el Curso diocesano de formación sobre
matrimonio y familia promovido por la diócesis de Roma y el Tribunal de la Rota
Romana en la Basílica de san Juan de Letrán, en la tarde del 27 de setiembre.
El matrimonio exige una preparación
adecuada
El Papa se dirigió a los
participantes en la conclusión de las jornadas de reflexión y estudio sobre los
desafíos y los proyectos pastorales concernientes a la familia, considerada
como iglesia doméstica y santuario de la vida. “Es un campo apostólico vasto,
complejo y delicado al que hay que dedicar energía y entusiasmo en el intento
de promover el Evangelio de la familia y de la vida”, les dijo.
“El matrimonio no es sólo un
acontecimiento social, sino un verdadero Sacramento que implica una preparación
adecuada y una celebración consciente. El vínculo matrimonial, de hecho,
requiere una elección consciente por parte de los novios, que ponga en el
centro la voluntad de construir juntos algo que nunca deberá ser traicionado o
abandonado”.
Señalando las iniciativas en
desarrollo en varias diócesis del mundo para que la pastoral familiar se adapte
mejor a la realidad, subrayó la importancia del acompañamiento de los novios al
matrimonio:
“Muchas veces la raíz última de los
problemas, que salen a la luz después de la celebración del sacramento nupcial,
se debe buscar no sólo en una inmadurez oculta y remota que estalla
repentinamente, sino sobre todo en la debilidad de la fe cristiana y en la
falta de acompañamiento eclesial, en la soledad en la que los recién casados
suelen quedar después de la celebración del matrimonio. Sólo puestos ante la
cotidianidad de la vida en común, que invita a los esposos a crecer en un
camino de donación y sacrificio, algunos se dan cuenta de que no han
comprendido plenamente lo que iban a comenzar”.
Se necesita un
catecumenado permanente
De ahí que el Pontífice reiterara la
necesidad de un “catecumenado permanente” para el Sacramento del matrimonio,
que se refiera a su preparación, celebración y también a las primeras etapas
sucesivas, porque “la mayor eficacia del cuidado pastoral se logra cuando
el acompañamiento no termina con la celebración del matrimonio, sino que
‘acompaña’ al menos los primeros años de la vida conyugal". Se trata de un
camino compartido entre sacerdotes, agentes pastorales y esposos cristianos:
“Cuanto más profundo y extenso sea el
camino de preparación en el tiempo, más las jóvenes parejas aprenderán a
corresponder a la gracia y a la fuerza de Dios y desarrollarán también los
‘anticuerpos’ para afrontar los inevitables momentos de dificultad y fatiga de
la vida matrimonial y familiar.
Ante las crisis ayudar a redescubrir
la gracia del Sacramento
Con respecto a los cónyuges que se
encuentran en crisis, el Santo Padre señaló la necesidad de ayudarles a revivir
su fe y a redescubrir la gracia del Sacramento. E indicó que en algunos casos
-que deberán ser evaluados "con rectitud y libertad interior”,- se
ofrezcan las indicaciones apropiadas para emprender un proceso de nulidad:
“Quienes han comprendido que su unión
no es un verdadero matrimonio sacramental y quieren salir de esta situación,
puedan encontrar en los obispos, sacerdotes y agentes pastorales el apoyo
necesario, que se expresa no sólo en la comunicación de las normas jurídicas,
sino ante todo en una actitud de escucha y comprensión”.
Nuevo proceso matrimonial y acogida
de quienes conviven sin casarse
A propósito del acompañamiento
jurídico, el Papa señaló que la normativa sobre el nuevo proceso matrimonial
constituye un instrumento válido, que requiere “una aplicación concreta e
indiscriminada por parte de todos, en todos los niveles eclesiales”:
“Me alegró saber que muchos Obispos y
Vicarios judiciales acogieron prontamente y puesto en práctica el nuevo proceso
matrimonial, para consolar la paz de las conciencias, especialmente de los más
pobres y alejados de nuestras comunidades eclesiales”.
Y
deseó también que el horizonte de la pastoral familiar diocesana "sea cada
vez más vasto, asumiendo el estilo propio del Evangelio, encontrando y
acogiendo incluso a los jóvenes que deciden convivir sin casarse".
"¡Es necesario darles el testimonio de la belleza del matrimonio!”,
concluyó.
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